Orkal, o cuando en España quiso fabricar una consola y salió un clon de la Odyssey

Orkal, o cuando en España quiso fabricar una consola y salió un clon de la Odyssey

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La primera videoconsola de Europa, un hito de la historia de la industria del videojuego con más de 40 años a sus espaldas. Una máquina creada en España que supone la entrada del viejo continente en el negocio de vender máquinas con juegos que se enchufaban a la tele. Un logro prácticamente perdido en la historia y ensombrecido por otro dato muy relacionado con eso que llaman la picaresca española: la Overkal era una consola clónica de la Magnavox Odyssey.

Fascinado por lo curioso de la historia, y de la mano de información recabada por amantes de lo retro como Retro Maquinitas, llevo varios días obsesionado con la misma. Porque puede que fuese un mero clon y casi toda la información sobre ella se haya perdido en el tiempo, pero que la primera consola europea se fabricase y vendiese en España es algo que merece la pena recordar.

De Odyssey a Overkal

Primero toca ponernos en situación, especialmente para aquellos que ya naciesen con la industria del videojuego asentada en su día a día. Estamos en 1972, la canción que lo peta es Vacaciones de verano, se estrena La Cabina y los niños ven por primera vez los dibujos del Correcaminos. Lo hacen en un televisor que sólo tiene dos canales (La 1 y La 2) y empieza a tener programas en color de forma regular gracias a los Juegos Olímpicos de Múnich.

Vamos, que la cosa ha cambiado bastante desde entonces, así que poco podía imaginar la juventud de aquella época que esa misma Navidad, en Estados Unidos la estrella iba a ser la primera videoconsola de la historia, la Magnavox Odyssey de Ralph Baer, considerado también como el padre de los videojuegos.

Tras varios años trabajando como ingeniero para una compañía de equipamiento electrónico militar, a Baer le encargan crear una televisión que supere a todas las demás. Es entonces cuando el estadounidense considera la idea de un juego interactivo que permita a esa creación diferenciarse del resto de marcas, pero no fue hasta 1966 cuando se le permitió empezar a trabajar en esa idea.

Odyssey

Tras varios prototipos, es el séptimo de ellos el que consigue llamar la atención de las compañías, facilitando que Baer firme un acuerdo con Magnavox para comercializar el sistema. A 100 dólares por cacharro (lo que equivaldría a unos 600 dólares actuales), la fiebre del ‘Pong’ (antes de que Atari se adueñase de la idea), consiguió que se colocasen 100.000 unidades.

La videoconsola española

Que Magnavox decidiese vender la máquina únicamente en sus tiendas no ayudó a que esas cifras fuesen aún más espectaculares, pero eso no impediría que muchas compañías intentasen sumarse al carro para aprovechar el tirón. De entre ellos, una máquina que se anunciaba como el tercer canal del televisor: la Overkal.

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La idea era esencialmente la misma, una consola que aceptaba siete tipos de juegos y contaba con un clon del famoso juego de tenis de la Odyssey como gran baza. El resto, juegos que se podían disfrutar colocando diversas plantillas en el televisor que se quedaban pegadas gracias a la electricidad estática característica de aquellos modelos antiguos.

A simple vista, la Overkal podría haber pasado perfectamente por una Magnavox Odyssey, y es que sólo las serigrafías en castellano y un aligera modficación de la máquina indicaban lo contrario. En sus tripas, eso sí, la cosa cambiaba considerablemente, tanto que incluso es una de las pocas máquinas que consiguió captar la atención de Baer de forma positiva.

Over

La Overkal tiraba de botones en vez de cartuchos, lo que impedía que pudiesen añadirse juegos adicionales, pero también gozaba de unas mejores conexiones internas y los controladores estaban anclados a la máquina, lo que evitaba los problemas de conexión que sí había en la Odyssey.

A un precio de 9.000 pesetas de la época, lo que serían unos 1.000 euros de hoy en día, se sabe que la Overkal se vendió por correo (a plazos) y en galerías comerciales, pero se desconoce el número de unidades que llegó a colocar entre la población.

De hecho, las dudas sobre la máquina llegan incluso hasta quién fue su creador, un completo misterio del que se puede tirar del hilo hasta llegar a una compañía que fue absorbida en 1978. Viendo que Magnavox consiguió embolsarse más de 100 millones de dólares por infracción de patentes, no es de extrañar que el genio detrás de la Overkal no haya querido dar la cara.

Imágenes | Retro Maquinitas, PrehistoricGaming

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