Analizamos el DLC 1 de Breath of the Wild: una más que sólida excusa para volver al mejor juego del año

Analizamos el DLC 1 de Breath of the Wild: una más que sólida excusa para volver al mejor juego del año

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Analizamos el DLC 1 de Breath of the Wild: una más que sólida excusa para volver al mejor juego del año

Nintendo se suma al carro definitivamente con uno de sus caballos ganadores, y ya podéis ir asumiendo que la odisea sombrera del fontanero bigotudo también. Esta entrega (casi) perfecta de la saga The Legend of Zelda va a seguir rentando muy por encima de lo previsible a estas alturas, por lo que todo Amiibo o €xpan$ión encaja rematadamente bien en los esquemas de Kimishima.

Vaya por delante que la estrategia comercial del DLC que tanto nos termina ahogando a final de mes me parece terrorífica (más todavía si imaginamos el futuro del videojuego moderno). Pero, ¿qué queréis que os diga? Tener una buena excusa para volver con hambre al Hyrule de Breath of the Wild tras más de 120 horas exprimiendo su propuesta me hace celebrarlo especialmente fuerte.

'The Legend of Zelda: Breath of the Wild' ha supuesto, para muchos, el pico más alto de creatividad y buenhacer de los últimos años de nuestro hobby. Hemos reído, hemos llorado, hemos disfrutado, hemos sido libres y, a la vez, nos hemos sentido completamente atrapados por su esencia. Así que para analizar el primer DLC de la saga debo situarme al mismo nivel de sinceridad que transmite su mundo: No, el título no me pareció la sobresaliente perfección de la que se llegó a hablar.

Esa aventura mayúscula que yo esperaba en todos los sentidos terminó llegando con menos sabor debido a su amable dificultad (en combates y en puzles, ojo). Ni sufrí, ni sentí la necesidad de esconderme y mucho menos, pasé miedo a morir.

Los enemigos no me resultaron un desafío a la altura, y gracias al farmeo de alimento todas las situaciones cercanas al Game Over se maquillaban con tranquilidad. Pero ahora todo cambia a favor del vértigo, amigos. Ahora sí que se vuelve exigente, desafiante, espléndido y voraz. Ahora sí que se puede vivir una aventura de la que sacar pecho.

Atrevámonos a redescubrir uno de los juegos del año de la mano del set 1 de su pase de expansión: Las pruebas legendarias. Una oportunidad perfecta para volver a respirar profundamente en las nostálgicas e inolvidables tierras de Breath of the Wild y todo un llamamiento para aquellos que, como yo, echasen en falta el miedo al fracaso.

Senda del héroe: se hace camino al andar

Mapa

Pocos mapas en el mundo del videojuego han contando con tanta vida como en esta ocasión, y es que el elaborado micro universo firmado por Eiji Aonuma está tan repleto de posibilidades que no es de extrañar ver cómo pasan las horas sin tan siquiera acercarse a una misión secundaria.

La Senda del Héroe hace especial hincapié ahí, en demostrar gráficamente todo lo que todavía nos queda por explorar y de paso regalarnos un flashback que nos devolverá irremediablemente a aquel 3 de marzo cuando la meseta principal empezaba a resultar el recreo que durante tanto tiempo llevábamos esperando.

Esta nueva función de la Piedra Sheikah nos permitirá ver en el mapa el trayecto que hemos seguido durante la aventura. Almacenando 200 horas de juego y, tras ese límite, sobrescribiendo los antiguos pasos. (Una pena eso de eliminar los primeros momentos en el juego).

Old Man

Como digo, el flashback está ahí y sabe especialmente bien. Principalmente porque nos brinda la posibilidad de reproducir un modo espectador donde nuestro icono dibuja el camino trazado desde que empezamos la aventura. Deteniéndose en las primeras muertes, acercándose a los primeros santuarios, descansando en las primeras postas, hasta por fin encarar el destino final contra Ganon.

Además de la nostalgia, el punto clave de esta Senda del Héroe es ir allá donde Link todavía no ha conseguido explorar. Bien por despiste o bien por recurrir demasiadas veces al viaje rápido, pero para aquellos que andemos con poco (poquísimo) tiempo ser consciente de las zonas del mapa sin pisar se convierte en una ayuda más que agradecida.

Nuevos santuarios, tesoros, algún que otro regalito en forma de Hinox o paisajes dignos de selfie serán los protagonistas de esta necesaria revisión de Hyrule que nos atrapará más horas de las que creemos y queremos.

Teletransportador: vía directa hacia los aposentos de la princesa

teletransporte zelda

Lo de utilizar santuarios como estación de autobuses express nos ha sabido a gloria, sí que es verdad, pero existen ciertos lugares de interés especialmente alejados de estos puntos de viaje rápido que merecen más de una visita. Es ahí donde entra en acción el nuevo y escondido artilugio de Link: el teletransportador.

El teletransportador nos permite marcar la ubicación en la que nos encontremos para más tarde desplazarnos hasta ese punto al instante. Una curiosa propuesta que, por ejemplo, nos ayudará a superar desafíos a horas concretas o colarnos en el castillo de forma rápida y discreta, pero que desgraciadamente se sobrescribirá cada vez que situemos una nueva marca en el mapa.

Lo realmente interesante, más allá de su efectivo uso, es el periplo hasta dar con él. Porque no, no aparecerá tras actualizar el juego. Tendremos que salir en su búsqueda tras ojear el libro de los rumores que aguarda en la posta de Akkala Sur.

(Añada voz de misterio aquí): “El cofre del tesoro que contiene el enigmático objeto se esconde bajo un laberinto en el noroeste de Akkala.” Aquí huele a guardianes de lejos (¡HURRA!), así que más os vale ir preparados.

Máscara de Kolog: los 900 empiezan a parecer razonables

Buena

Que levante la mano el que haya conseguido dar con los kolog que rondan por Hyrule. Bien, casi nadie, así me gusta. Eso de buscar cómplices en la desgracia siempre reconforta, pero es que por mucho afán coleccionista que me caracterice, el hecho de imaginar 900 criaturas celebrando su descubrimiento me hace tirar la toalla.

Llevo 146, y como adelanté más arriba, compro horas del día. Ya me gustaría a mí disfrutar del fin de curso con el objetivo de completar la lista de kolog. Ya me gustaría a mí ser niño en la época de Breath of the Wild, amigos. Mal asunto. Toca conformarse con jugar entre planes y ahí, por mucho que nos duela, los kolog ni siquiera son el postre.

Mascara

Por suerte el primer set de la expansión nos echa un capote. La máscara kolog llega para hacer de nuestro paseo por las colinas de Hyrule un continuo descubrimiento indicando (la máscara se agita y escuchamos voces. Adiós idea de ver vibrar el mando) si hay algún kolog oculto en las inmediaciones.

Tras una durísima aventura en busca de la máscara (que no pienso destriparos porque me pasé 69 minutos de reloj preguntándome muy fuerte qué camino había explorado ya) daremos con el dichoso artilugio. Según el libro de cotilleos hay una forma más sencilla de dar con el cofre, pero claro, no contaban con mi estupidez.

Nota positiva del ratito: dar con tres santuarios pendientes. Este juego es enorme.

La fortuna de Nambod: en busca del tesoro fan service

Majora

Hacerse con los amiibo de la colección Breath of the Wild, los del 30º aniversario o incluso algunos de la colección Super Smash Bros ya lo damos por imposible. Precios desorbitados por la falta de stock o una reventa que da mucho miedo (y a la vez mucha risa) son solo algunos de los elementos de nuestra derrotista forma de encarar la estrategia comercial de Nintendo.

Pero amigos, seamos francos, lo realmente interesante de semejantes figuritas son sus recompensas: Túnicas de Ocarina of Time por aquí, gorro de Wind Waker por allá, Link Lobo ayudándonos a conseguir el desayuno en la meseta. La colección ideal para el sediento fan de la saga que ahora, por fin y tras desembolsar los 20€ que vale la expansión, empieza a refrescarse el gaznate con 8 nuevos objetos:

  • La Máscara de Majora: con la cuál pasaremos desapercibido ante los enemigos y podremos disfrutar de escenas la mar de curiosas al acercarnos a ellos. (Manténgase fuera del alcance de guardianes y miembros del Clan Yuga).

  • El casco de Midna: Maravillosamente bien diseñado y ofreciendo resistencia ancestral, el tesoro de la princesa del crepúsculo que vivió aventuras con el héroe os va a llevar, como mínimo, a exigir la incursión del personaje en Super Smash Bros.

Zelda
  • El tesoro espectral: tres piezas que conforman la armadura de los espectros blindados que disfrutamos en el vetusto Phantom Hourglass y que además nos elevarán la potencia de nuestro ataque. Da gusto ver a Link convertido en uno de los enemigos más interesantes de la era Nintendo DS.
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  • El atuendo de Tingle: POR FIN. El ropaje del carismático personaje que afirmaba ser la reencarnación de un hada hace su aparición en Breath of the Wild. Hubiera sido ideal verle en un cameo, pero todo no se puede tener. Nos conformamos con los caretos indescriptibles de la población al vernos imbuidos en semejante personaje. De traca.
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Ah, que casi se me olvida, gracias a él obtendremos velocidad nocturna plus. Kurilín…¡PA!

Como podréis imaginar todos estos cofres del tesoro Nambod, el famoso forajido que robó y escondió los objetos (esto da para spin-off), están desperdigados por la llanura de Hyrule y solo podremos localizarlos si seguimos con atención las pistas que nos indica su diario. Ya os adelanto que vais a pasarlo especialmente bien jugando a los detectives o especialmente mal si sois de orientación nivel Psyduck.

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Modo Experto: cuánto te echaba de menos

Con Breath of the Wild el escenario pasó a ser el recreo inmenso que siempre habíamos soñado en la saga. Por fin disfrutamos de nuestra elección de no hacer más que caminar o correr hacia ningún lugar como ya lo hiciéramos en 'Mario 64'.

La aparición de nuevas mecánicas y movimientos junto con el preciosista y divertido paisaje que nos rodea han hecho del título una colección de imágenes imborrables en nuestra saturada memoria de jugadores. Sin embargo, para muchos de nosotros algo seguía sin encajar con la aventura mayúscula que se anticipaba: lo benévolo del juego con el usuario.

No había puzle que te hiciera tirar la toalla (ni lo hay). Atrás quedaron las mazmorras para hardcoretas. Atrás quedaron el Templo del Agua y las imprescindibles guías para salir de una sala asfixiante. Atrás quedaron, incluso, los bosses que nos invitaban a apagar la consola con lo que mi mujer llama "el coraje" (/er korahe/). Breath of the Wild era un juego facilmente superable.

modo experto

Afortunadamente ahora todo cambia en favor del desafío. Los enemigos son más un nivel más fuerte, por lo que todo bokoblin que antes fuera rojo, automáticamente pasará ser de clase azul. Y del azul al blanco. Además, y porque se necesitaba más chica, la salud de nuestros rivales se regenerará si pasado un tiempo no conseguimos atacarles. Doble choco, doble diversión.

Lamentablemente el punto negativo lo encontramos al arrancar el título. No podremos seguir con nuestra aventura en modo experto. Desde el menú principal accederemos a una segunda interfaz para dividir el juego en dos: normal y experto. Empezando así una nueva partida simbolizada con un una pequeña trifuerza en la esquina inferior izquierda y las pantallas de carga en color rojo sangre. Declaración de intenciones.

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Por si os sirve de cara a su compra, este nuevo modo sabe extremadamente diferente y refrescante. Todo se afronta con más madurez (posiblemente por la desorbitada cantidad de horas que ya llevamos en nuestras espaldas) y nos hace ser mejores jugadores: más activos, más conscientes y más capaces de saborear cada instante.

Nos hemos merecido este nivel de dificultad desde el preciso instante en que acabamos la aventura, amigos. Pero claro, así no se ganan unos millones extras.

El desafío de la espada: la sabrosísima carne de streaming que lidera el DLC

Desafio

Para todo aquel que haya alcanzado el momentazo de levantar la Espada Maestra sabrá que su poder anda limitado cuando nos alejamos de los verdaderos enemigos del juego. Con el resto de antagonistas el filo de nuestra arma no es eficaz y se verá afectado por un sobre esfuerzo que terminará desembocando en la destrucción total de la espada. (Pasado un tiempo la podremos recuperar, no problemo).

Aonuma y compañía se han sacado de la chistera el motivo perfecto para hacer despertar el auténtico poder de la hoja destructora del Mal: El desafío de la espada. Guiado por el Gran Árbol Deku y dividido en tres zonas (compuestas por diferentes niveles según su dificultad) el reto cumple con las expectativas y sirve como cebo ideal para todo aquel que quiera hacerse con el DLC.

El desafío de la espada cuenta con unas reglas tan simples como estrictas. No se podrá descansar, ni guardar la partida entre los diferentes niveles de las zonas, como tampoco contaremos con nuestro equipamiento. Apareceremos desnudos, con nuestra Piedra Sheikah (contando con bombas, imán o paralizador) y pantalla a pantalla podremos ir adquiriendo tanto armas como protección.

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Esto sí huele a reto exigente. A la altura de lo exigible. Y más allá de lo duro que sea superar sus tres dificultades: Zona Inicial (12 niveles), Zona Intermedia (16 niveles) y Zona Final (23 niveles que te harán sudar de lo lindo), lo cierto es que he disfrutado como si encarase un juego nuevo.

Nos olvidamos de santuarios, de bestias divinas y de Ganon. Ahora nuestro objetivo es sobrevivir horda a horda, nivel tras nivel, para devolver la luz que necesita nuestra espada. Pasando de 30 puntos de ataque a 40 tras superar la primera zona, de 40 a 50 con la segunda y de 50 a 60 con la zona final. Bienvenido sea el poder.

Breath of the Wild pasa a un nuevo estadio para abrazar uno de los desafíos más apetecibles de su historia. Petrorocks, Hinox, Centaleones y Guardianes esperan su turno con ansias. Más vale responder con garantías si no os queréis pasar una decena de horas atrapados la Zona Inicial. Ojalá pudiera anticiparos de qué trata cada nivel, pero es algo que debe saborearse con el más absoluto de los desconocimientos. El mismo con el que disfrutamos los primeros instantes del juego. Así que me limitaré a añadir que el desafío de la espada sí que merece nuestro tiempo y, ojo, nuestro dinero.

La opinión de VidaExtra

Siendo críticos con el contenido, este DLC llega tarde, pero tener una excusa de peso para volver a disfrutar del maravilloso mundo de 'The Legend of Zelda: Breath of the Wild' cuatro meses después es algo poco comparable a día de hoy. Algo hay en el título que te invita a soñar por encima de lo recomendable, que te invita a volver a ser aquel niño que ansiaba el fin de curso para jugar con libertad y que te empuja a disfrutar cada paso como estuvieras al borde del final.

Sí, la expansión merece la pena y está a la altura del nivel del juego, pero lo que resulta todavía más remarcable es que gracias a los añadidos de este primer DLC el juego se convierte en el título más sobresaliente al que hagamos frente en lo que va de año (con permiso de los meses venideros).

Esperemos que la segunda parte de la expansión incluida con la compra de este DLC cumpla con las expectativas y se acerque a las inquietudes de los personajes que nos amarraron (sin éxito) las lágrimas en la garganta al final de la aventura. Revali, Daruk, Mipha y Urbosa merecen mucho y nosotros estaremos encantados de verles en acción una vez más.

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